Este trofeo nace de un gesto sencillo pero cargado de identidad: convertir la A del logotipo de la Academia de Cine en una pieza corpórea, en un símbolo que abandona el plano gráfico para convertirse en objeto. La letra deja de ser únicamente tipografía y se transforma en volumen, en presencia.
La composición se apoya sobre una base horizontal de madera natural, un material que aporta calidez y honestidad al conjunto. Sobre ella, la A lacada en blanco se eleva con una geometría limpia y precisa, casi arquitectónica. La pieza combina así dos lenguajes: la pureza contemporánea del blanco y la textura orgánica de la madera.
El resultado es un trofeo de gran sobriedad formal. Sin elementos superfluos, el diseño se centra en lo esencial: la identidad de la Academia y el reconocimiento al trabajo cinematográfico. Una pieza donde marca, material y forma se integran en un objeto elegante y atemporal.





