Este trofeo, diseñado para el Festival A Cel Obert 2018, nace de la esencia misma de la arquitectura efímera: intervenir sobre lo existente sin borrarlo, sino potenciándolo. Construir desde el respeto. Crear desde el diálogo.
La pieza se articula en dos planos que se encuentran con precisión.
Una base de madera natural, honesta, cálida, con memoria.
Y sobre ella, una plancha metálica que se superpone, se alinea y se perfora para revelar lo que hay debajo.
Ese gesto lo es todo.
La plancha no oculta. Se abre. Se recorta. Deja ver.
La perforación no es solo forma, es intención: permitir que la madera aparezca, que el material base respire, que lo existente siga presente dentro de la intervención.
Es exactamente lo que hace la arquitectura efímera:
añadir sin anular, transformar sin destruir, activar lo preexistente.
Madera y metal no compiten. Conviven, se tensan y se equilibran.
La madera aporta arraigo, contexto, permanencia.
El metal introduce precisión, contemporaneidad, intervención.
Y en ese equilibrio surge algo superior. Una nueva lectura.
Este trofeo no representa solo un premio. Representa una manera de entender la arquitectura.


